Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel” (Núm. 14:8).

Las promesas divinas descansan en la fidelidad de Dios para cumplir su palabra. Pero, apropiarse de ellas, demanda de nosotros esfuerzo, confianza y obediencia. Dios había prometido a Israel una tierra que fluía “leche y miel”. Hacía ya meses que los israelitas habían salido de Egipto y habían levantado campamentos en Cades Barnea, a escasos kilómetros de la tierra prometida, vista desde el norte. Curiosamente, la mayoría no se sentía animada a pasar y tomarla.

Decidieron enviar a unos espías a Canaán que hicieran un reconocimiento previo. Doce varones distinguidos conformaron la expedición, uno por cada tribu. Durante 40 días, exploraron todo el territorio, de punta a punta. Aunque los doce recibieron la misma misión, observaron la misma realidad, regresaron al campamento con reportes distintos.

Diez, reconocieron que la tierra era buena, pero resaltaron las amenazas. Dijeron que sus habitantes, gigantes, eran invencibles. Con sus actitudes y palabras: a) sembraron desánimo en el pueblo; b) desacreditaron el liderazgo de Moisés; c) pusieron en duda las promesas de Dios; d) se prestaron para generar zozobra y caos entre sus hermanos.

 Pero, de los doce expías, dos, Caleb y Josué, regresaron con un reporte, una actitud y un mensaje diferente. Igual que los demás, recocieron las bondades de la tierra y no negaron la amenaza que significaban sus pobladores. Sin embargo, su visión era esperanzadora: a) recordaron que Dios les había dado esa tierra; b) sabían que la presencia del Señor entre ellos haría la diferencia; c) creían que Dios prosperaría sus esfuerzos, y no los de sus adversarios; d) confiaban que finalmente poseerían esa tierra.

 Muchas veces, cuando falta poco para mirar el cumplimiento de ciertas metas, nos asalta la duda y el desánimo. Nunca faltarán los que solo verán los problemas y las contrariedades. Sin negar la realidad que nos intimida, persistamos en confiar y esperar en Dios siempre. Señor, delante de nosotros algunos gigantes. Danos confianza y valor para avanzar en tu nombre.

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